La profunda fascinación de Pol por los salones de billar, propiciada, en gran medida, por su entorno familiar, es lo que lo impulsa a elaborar el proyecto expositivo Máxima Rectitud.

En él recrea la huella derivada del movimiento de la bola cuando esta es golpeada por el taco. Esta acción, precisa e hipnótica, es la que traslada al lienzo con el uso del tiralíneas. Un único gesto define una única línea. La suma de cada uno de estos trazos se distribuye en el cuadro inspirándose en la composición de los manuales sobre técnicas y ejercicios de este deporte. Y así es como, reinterpretando esquemas didácticos en geometrías abstractas, la obra adquiere una nueva dimensión estética y conceptual. 

En esta serie, la constante búsqueda de la austeridad y simplicidad por parte de Pol, se materializa, también, en los materiales usados, siendo estos una única tinta, lino sin tratar, y paños recuperados.